Guía de compra
Te cuento un caso real del concesionario: un cliente vino a tasar su coche
tras un accidente en rotonda. Parte amistoso imposible —cada conductor
contaba una película— y su seguro acabó pagando la mitad de un golpe que no
fue culpa suya. Una dashcam de 100 € le habría ahorrado más de mil. Desde
entonces la recomiendo como se recomienda un buen seguro: esperando que no
haga falta nunca.
Resolución: que se lea la matrícula o no sirve
Éste es el único criterio que de verdad separa una dashcam útil de un
juguete. 1080p es el mínimo; 1440p o 4K marcan la diferencia de noche, con
lluvia o a distancia. Haz esta prueba mental: si el vídeo no permite leer la
matrícula del que te dio y se fue, la cámara no ha servido de nada.
GPS: el dato que convence a los seguros
El GPS incrusta velocidad y ubicación en la grabación. En una disputa,
demostrar que ibas a 47 km/h en zona de 50 vale tanto como la propia imagen.
Las dos cámaras de esta comparativa lo llevan de serie — no aceptes una que
no lo tenga.
Sensor G: la cámara que piensa sola
El sensor de impacto detecta un golpe y bloquea automáticamente ese vídeo
para que no se sobrescriba. Importa porque en el momento del susto nadie se
acuerda de "guardar el clip". La tecnología que funciona es la que no
depende de que tú estés fino.
Modo aparcamiento: para coches que duermen en la calle
Graba los golpes con el coche apagado: el clásico "te encuentro el
retrovisor colgando y nadie ha visto nada". En ambos modelos necesita un kit
de alimentación aparte (30–50 €) que se conecta a la caja de fusibles. Si
aparcas en garaje, ahórratelo; si duermes en la calle, es el mejor dinero de
toda esta guía.
Instálala bien o no la instales
Detrás del retrovisor, sin invadir tu campo de visión, y el cable escondido
por el techo y el pilar A (veinte minutos y un truco: se mete con una cuña
de plástico o con la uña). Un cable colgando por el salpicadero queda fatal,
molesta… y una cámara mal colocada puede darte problemas en la ITV.